domingo, 28 de noviembre de 2010

Los sueños que habían amarrados en el desván

No lo dudé entonces, las nubes aterraban mi primer encuentro amoroso. Mi madre en aquella ocasión no me dirigió la palabra, había desnudado al viento para convertirlo en mi aliado.
Después no decidí nada, con el viento a mi espalda atravesé el desierto. Él estaba allí con los ojos hundidos, rotos por la arena, le cogí de la mano y me lo traje al desván

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